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Impuesto sobre sociedades, el precio de un servicio impuesto

Los impuestos son ingresos que un Estado impone unilateralmente para financiar la prestación de un servicio público, en ese sentido no deja de ser la facturación de una empresa en la cual los clientes son los contribuyentes y la empresa es el Gobierno, eso sí, con un ligero matiz, todos estamos obligados a contratar ese servicio, nos guste más o menos.

 

El 25% ¿Es caro el impuesto sobre sociedades en España?

 

En España las sociedades mercantiles tienen que pagar un 25 % de peaje por ser españolas ¿Es caro pagar ese 25 % de impuesto sobre sociedades? Pues depende… depende del servicio que se les preste a cambio de ese 25% ¿Es caro ir a un restaurante de 100 euros el menú? Pues depende…si nos sirven un huevo frito con patatas en una cueva oscura, obviamente sí.

Pero…bendito mercado que nos permite elegir si en lugar de pagar 100 euros por ese menú podemos pagar 20 euros en un sitio con vistas al mar. Desafortunadamente el mercado no opera tan eficientemente cuando hablamos de impuestos, porque no es tan sencillo elegir donde uno tributa. En realidad, si planteamos la pregunta de si es caro pagar un 25 % de impuesto sobre sociedades en España, el 99,9% de las empresas respondería que sí.

El Impuesto sobre sociedades es un impuesto directo que grava las rentas, que obtienen las sociedades mercantiles y otras entidades como sociedades civiles o en algunos casos asociaciones y fundaciones, con independencia del lugar donde se hubiesen producido y cualquiera que sea la residencia del pagador, siempre y cuando los contribuyentes, es decir las sociedad que venden, tengan su residencia en territorio español.

La gran mayoría de entidades sin personalidad jurídica quedan fuera de este impuesto como por ejemplo las comunidades de bienes, pero sin embargo los fondos de inversión o los fondos de pensiones que carecen de personalidad jurídica son gravados por este impuesto, aunque a un tipo de gravamen especial.

 

No es lo mismo la base imponible del impuesto sobre sociedades que el beneficio contable de una sociedad

 

Las rentas que tributan por este impuesto, no son los beneficios contables de esa empresa, aunque la correlación es alta hay bastantes diferencias a tener en cuenta entre la norma contable y la norma tributaria, aquí es donde entra en juego la diferencia entre llevar una buena contabilidad que es el correcto registro de todo el dinero que entra y sale de una empresa y un buen asesoramiento fiscal que además de establecer que rentas son las que tributan en el impuesto sobre sociedades, también es su labor planificar y optimizar financieramente la repercusión del impuesto.

 

Todos los gastos en los que incurre una sociedad tienen que estar contabilizados y pasar por la cuenta de pérdidas y ganancias

 

Una de las diferencias entre la contabilidad y el impuesto sobre sociedades está en los gastos deducibles. Todos los gastos en los que incurre una sociedad tienen que estar contabilizados y pasar por la cuenta de pérdidas y ganancias (salvo contadas excepciones) pero no todo ellos son deducibles. En ocasiones no es sencillo distinguir los gastos corrientes que se pueden deducir fiscalmente en este impuesto, estos deben cumplir en la mayoría de los casos tres requisitos:

Deben ser justificables, es decir, que podamos aportar algún medio de prueba que efectivamente demuestre que se ha incurrido en ese gasto y que ese gasto está relacionado con la actividad económica que ejercita la sociedad, normalmente el mejor medio de prueba son facturas y recibos, pero no son los únicos.

El gasto tiene que imputarse en el período al que corresponde, es decir, no se podrá adelantar la deducibilidad de un gasto que corresponde a un periodo futuro, pero, sin embargo, en el caso de que sea anterior, es posible deducir gastos que se han devengado y que no se han deducido en los cuatro años anteriores.

Es fundamental que el gasto esté contabilizado, la contabilidad refleja la realidad financiera de la empresa, y es el punto de partida para el impuesto sobre sociedades y ningún gasto podrá ser deducible si no pasa por la cuenta de pérdidas y ganancias.

A pesar de los requisitos para la deducibilidad, podemos encontrar ciertas partidas que en ningún caso se podrán considerar como deducibles, como, por ejemplo:

Retribución de fondos propios como, por ejemplo, los dividendos, las primas de asistencia a juntas de los socios, distribución de reservas o los intereses de préstamos participativos.

Los generados por el propio impuesto

Multas y sanciones, los recargos tanto de período ejecutivo como por declaración extemporánea sin requerimiento previo.

Donativos y liberalidades, en este caso se entienden los gastos derivados de las operaciones con carácter voluntario de las cuáles la sociedad no reciba contraprestación. Es muy importante tener en cuenta que los gastos por atenciones a terceros, los que se efectúen con respecto al personal de la empresa, los realizados para promocionar la venta de bienes y servicios y los que se hallen relacionados con los ingresos no se consideran liberalidades porque si que existe una contraprestación.

Gastos de actuaciones contrarias al ordenamiento jurídico

Gastos derivados de la extinción de la relación laboral o mercantil de los administradores y miembros del consejo.

 

El impuesto de sociedades en el resto del mundo

 

El impuesto sobre sociedades esta presente en la mayoría de los países, pero no grava a las empresas de la misma manera. Es difícil conocer qué país tiene una mayor ventaja fiscal basándonos solo en el impuesto de sociedades, pues hay otro tipo de costes comunes que se dan en las diferentes economías, así como diferentes bonificaciones y deducciones con las que las empresas pueden reducir la carga impositiva. Y volvemos a la pregunta inicial

¿Es caro pagar un 25% en España en Impuesto sobre sociedades?

 

Hungría tiene el tipo del impuesto de sociedades más bajo de la Eurozona

 

Podemos observar que en toda la Eurozona, nos encontramos con países con un tipo impositivo muy bajo en comparación con el resto, como Hungría (9%), Bulgaria (10%) o Irlanda (12,5%), y otros que están muy por encima como Malta (35%), Francia (33%) y Alemania (30%).

Este es el motivo por el cual empresas americanas como Microsoft o no tan grandes como Airbnb abren filiales en Irlanda para ubicarse allí y pagar menos impuesto sobre sociedades para las operaciones que llevan a cabo en Europa, y eso que Irlanda no es el país en el que se paga menos impuesto sobre sociedades, sino que es Hungría, pero los factores cualitativos también computan dentro de la ecuación y es que la cuestión lingüística ha sido una ventaja en este caso.

 

Las entidades de nueva creación pagan un tipo reducido del 15 % durante los dos primeros años

 

En España el tipo general de gravamen es del 25 %, con algunas excepciones, como por ejemplo las cooperativas y las entidades de nueva creación (con algunos matices) que tributan a tipos inferiores, es decir, a un tipo muy superior a la media europea. A nivel internacional la situación es aún más dispar, en países como Bahamas, Islas Caimán o Bermudas, no existe el impuesto sobre sociedades.

Con todo esto podríamos concluir que efectivamente, el precio que las sociedades pagan en España por estar instaladas aquí es caro, pero afortunadamente la ley del impuesto provee de herramientas para atenuar esa carga, como las reservas de nivelación, reservas de capitalización, ajustes positivos, deducciones…y es por esto que es muy importante que las empresas cuenten con importantes asesores tanto legales como económicos en materia fiscal y con muy buenos profesionales en contabilidad.

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